Si visita este blog por PRIMERA VEZ, le recomendamos leer EN PRIMER LUGAR Empezando por el principio.


viernes, 13 de febrero de 2015

Estar sin Estar

De nuevo frente al reto de escribir un artículo. Algo ha sucedido. De pronto, uno se encuentra tan tranquilo en su devenir rutinario, intentando llenar con actos tangibles, físicos, trazables y con huella (por pequeña que sea) el día-a-día, cuando aparece el irrefrenable impulso de que una de esas acciones sea plasmar por escrito ese algo o, mejor dicho, su causa raíz. Puede ser también que, por el motivo que sea, decaiga la carga estándar de trabajo y uno se vuelva más sensible a las circunstancias desencadenantes, las cuales, nunca faltan. En cualquier caso, de nuevo, aquí estamos.

Empecemos por las cuestiones que ahora mismo nos preocupan y que vamos a intentar resolver:
  1. ¿Se puede estar sin estar?
  2. ¿Se puede ser sin estar?
La verdad es que vistas así, llevadas a negro sobre blanco, hasta a mí me parecen una soberana estupidez, pero vamos a correr el riesgo de extender la estupidez a todo el artículo. Espero fallar en el intento.

De una u otra forma
Quien haya seguido con cierta asiduidad mis escritos conocerá mi convicción, expresada recurrentemente, de que la esencia (el Ser) sólo se demuestra (o se evidencia) por los efectos de nuestros actos (1). Quien no hace nada, o, mejor expresado, quien no proyecta en su entorno ningún efecto de sus actos (aunque haga algo, por ejemplo, pensar), para ese entorno, sencillamente, no está. Y si no está, en ese momento, no existe. Y si no está nunca, no existe nunca. Esto implica que no existe esencia sin existencia. O lo que es lo mismo: NO se puede ser sin estar, con lo que, de momento, damos respuesta lógica a la segunda pregunta.

Respecto a la primera pregunta, que parece en si misma un sinsentido, responderé de entrada que , rotundamente . Veamos porqué. Y para ello, recurriremos a un ejemplo práctico y frecuente:

Supongamos que te convocan a algo, sea una reunión física, una respuesta escrita o cualquier tipo de evento en el que se espere implícitamente o se requiera explícitamente, una acción por tu parte. Tal y como hemos justificado anteriormente, sin acción no hay efecto. Y si no hay efecto, sencillamente, para el convocante, no existes. Puedes pensar todo lo que quieras, pero si sólo piensas, no estás. Y si no estás, no existes. Evidentemente, esto se ve considerablemente agravado si el evento consiste en un encuentro físico, porque al no ocupar un lugar en el espacio, tu bulto, tu humanidad, no es perceptible. No estás.

Pero puedes estar sin estar. Sólo es necesario que quieras. Y aquí, sí que querer es poder: con avisar de tu incomparecencia, resuelto. Y si no se trataba de un encuentro físico, es lo mismo. Con un simple acuse de recibo, resuelto.

Esta es la forma de Estar sin Estar. Y como, de esta forma, estás, das muestra de tu existencia. Y esto nos lleva a corregir la respuesta a la segunda pregunta: SÍ se puede ser sin estar. Porque sin estar, estás.

Extrapolando estas reflexiones a la política (que no es otra cosa que la ética colectiva), es muy parecido al voto en blanco. Si te abstienes, no estás, luego no existes. Si votas en blanco, estás sin estar, luego existes. Y aún mejor, si votas a un partido como Escaños en Blanco, que promete dejar los escaños vacíos, la evidencia ya es abrumadora: Sin estar sentado, estás.

Para terminar: mi ética me lleva, de una u otra forma, a estar siempre. Si no puedo asistir, aviso. Y, si el compromiso es por escrito, doy siempre acuse de recibo. Porque me gusta existir. Porque así me siento vivo. Porque me gusta que los demás se aperciban de ello. Porque cumpliendo con este compromiso personal, la eficacia, o, lo que es lo mismo, la calidad, aumenta. Y porque, como el coste es muy bajo, contribuye a aumentar notablemente la eficiencia, es decir, la excelencia.

Notas:

1 - http://www.microfilosofia.com/2012/12/actuo-luego-existo.html

No hay comentarios:

Publicar un comentario